Intentar encajar se volvió mi pasatiempo, me disfrazaba de alguien que en realidad no era, me mostré como alguien a quien le costaba un poco más aprender”, “a veces sabía las respuestas, pero me aguantaba para no responder (…), me llamaban la atención seguido, pero eso no me importaba, porque tenía amigos”

“A veces parecía que me salía, pero la verdad es que no me sentía bien, no me conocía, no sabía lo que me gustaba, no sabía qué quería, no era yo”. 

(Fragmento de la ponencia de Paloma Rieznik, en TEDx Río de la Plata). 

El término masking remite al hecho de colocarse una máscara neurotípica, es decir, de camuflarse o adaptar la propia conducta a lo socialmente esperado frente a cada situación. 

Se trata de una estrategia de afrontamiento mediante la cual se busca ocultar signos de divergencia en pos de encajar, de ser aceptado; y en muchos casos, de evitar situaciones de acoso escolar o laboral. 

Este camuflaje social puede resultar muy funcional, dada su importancia adaptativa en los diferentes escenarios que la sociedad plantea. 

Si bien, todos en algún momento hemos de fingir y mostrar algo que no es, las personas que presentan neurodivergencias pueden llegar a desarrollar esta estrategia a diario. Pero ¿A qué costo? 

Tener que fingir constantemente puede acarrear a mediano y largo plazo, diversas consecuencias en la salud. Desde cuadros de ansiedad, depresión hasta disociación; el masking conlleva un gran desgaste psicológico para la persona en cuestión, y escasos sentimientos de alivio, más allá del ansiado éxito social. 

No es sólo un simulacro, se trata de una negación continúa de la personalidad y de la propia visión del mundo. 

Acciones como regular el tono de voz, forzarse a mirar a los ojos o sonreír, disminuir conductas de regulación, modificar el vocabulario o los temas de conversación para hacerlos acordes al grupo, regular las expresiones emocionales; son sólo algunas de las acciones que pueden indicar la utilización de esta estrategia; puesto que no necesariamente se es consciente de ello. Estamos hablando de un mecanismo de supervivencia. 

Las Altas Capacidades Intelectuales (ACI) constituyen una neurodivergencia. Y es sumamente frecuente que, personas con ACI, acudan al masking, siendo aplicado en su mayoría, por niñas y mujeres.

En la población infantil, durante la educación primaria y especialmente, en la etapa secundaria, poder encajar en un grupo se torna fundamental. La necesidad del sentido de pertenencia y el resguardo frente al bullying pueden llevar a los niños y jóvenes, a este fingir continuo. 

Algunas señales de masking en la población infanto-juvenil con ACI son:

  • Agotamiento luego de sostener conversaciones con los compañeros o permanecer un tiempo considerable en contacto con los mismos. 

 

  • Modificación del leguaje, a fin de no utilizar palabras que puedan resultar extrañas o difíciles y así, evitar burlas. 

 

  • Cometer errores adrede; en algunos casos, disminuir las calificaciones. 

 

  • Ocultar conocimientos, dejar de participar en clases o de responder correctamente. 

 

  • Adaptar los temas de conversación a lo socialmente esperado, ocultando temáticas propias que al estudiante le resulten más interesantes. 

 

  • Minimizar elogios o cualquier tipo de reconocimiento. 

 

La utilización del masking de forma permanente, no sólo puede conllevar las mencionadas consecuencias, sino también, dificulta de sobremanera la detección temprana de las Altas Capacidades; siendo una de las principales razones por las que existe un mayor porcentaje de niños que de niñas identificados.