Salud Mental en el Deporte, ¿existe?

¿Qué políticas y medidas se aplicaron en el deporte en Argentina desde la sanción y promulgación de la Ley de salud mental (26.657) hace ya doce años?

¿Quién vela por la salud mental de lxs que practican deporte y representan a sus clubes e instituciones?

Una breve búsqueda por las escasas pero valiosas estadísticas e investigaciones sobre salud mental en el deporte, en sus resultados reflejan altísimos niveles de desidia por parte de los entes que representan a sus deportistas, de más está aclarar que son las mujeres y disidencias quienes pagan el precio más alto. El incipiente involucramiento de las instituciones, entendemos, obedece en muchos casos a meras necesidades utilitarias y económicas de las mismas.

Burnout, ansiedad, trastornos alimenticios, de imagen, depresión, adicciones (y nos quedamos cortas), abusos sexuales y un largo etcétera, son moneda corriente en el ámbito del deporte.

Consideramos que la negligencia por acción u omisión frente al sufrimiento escondido en los vestuarios es violencia, contundentemente. Entre estas violencias (definidas y enmarcadas en la Ley 26.485), podemos considerar manifestaciones de tipo sexista, de identidad de género, de orientación sexual, entre otras violencias institucionales atribuibles a la falta de voluntad política y responsabilidad.

Esto pone en evidencia el descuido del abordaje interdisciplinario para acompañar, contener
y cuidar a lxs deportistas, subestimando la importancia de los espacios terapéuticos como espacios de contención, expresión y acompañamiento en toda la trayectoria de la vida
deportiva.

La construcción patriarcal de la sociedad (donde encontramos como grandes disparadores y generadores de idearios a los medios de comunicación), hacia los comportamientos de lxs deportistas legitiman un orden del odio y la desidia (estigmatizan perfiles, formatean estereotipos odiantes) y aún más calan en el autoestima induciendo muchas veces al suicido, ante la insoportable presión de ser el más fuerte.
Las minorías (entendidas como aquellos colectivos que están a la periferia de la socialización hegemónica) se encuentran aún más vulnerables a estos abusos.
No nos parece un delirio exigir que las necesidades del alma de quienes precisamente la dejan por lo que hacen sean contempladas y atendidas.

El deporte, que en nuestros más fervientes deseos es una hermosa quimera de posibilidades y libertad, se vuelve un yugo para quienes se enfrentan cara a cara con sus propios demonios.

Ambicionamos un cambio de paradigma que permita acompañar y contener a lxs deportistas.

Mentes y almas cuidadas, libres y respetadas en pos de que el cuerpo, como supo decir la gran Alejandra 1, sea un amado espacio de revelaciones.

Por: Abril Robledo Araya y Karin Federman, Integrantes del Área de géneros IACC (instituto Atletico Central Cordoba).