Los Kamikazes de Colón

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Mientras transcurrían sus últimos tramos del profesorado de Educación Física, Pablo Berniche y Pablo Scarpeccia cursaron la materia «rugby» y quedaron encantados con lo que transmitía este deporte. De esas clases a fundar un club, hubo un solo paso y un camino lleno de pasión y vocación que dio nacimiento a Kamikazes, en la ciudad de Colón, provincia de Buenos Aires.

La actuación de Los Pumas en el Mundial 1999 y el recordado partido ante Irlanda fue un condimento fundamental que plantó el germen de este deporte en la zona y que cautivó el interés de muchísimos jóvenes.

Junto a Nicolás Scarpeccia y varios amigos más, los estudiantes de Educación Física empezaron a juntarse en el “campito” del Colegio Nacional a practicar rugby. Era el verano del 2002. El boca a boca atrajo más chicos y el sueño se fue fortaleciendo y Kamikazes a esa altura ya era más que una realidad.

«Ante la necesidad de contar con un espacio, la Municipalidad nos permitió usar la Villa Deportiva. En ese lugar se desarrollaba la Expo Agro y cada vez que terminaba el evento, teníamos que poner manos a la obra y arreglar el lugar. Una vez hubo una exposición de autos y llovió, así que todo el club salió a buscar panes de pasto para arreglar el lugar. Siempre con risas y sin enojos, ya que era un espacio público y que nos ayudaba a seguir adelante con el proyecto», explica Juan Pablo Giuli, actual miembro del club.

“Los primeros entrenamientos en el Nacional eran con doce jugadores, luego pasamos a tener 20 en la Primera y un grupo de juveniles de entre 16 y 18 años cuando pasamos a la Villa Deportiva”, detalla Giuli.

Hoy el club tiene más de 200 jugadores entre infantiles, juveniles, femenino y plantel superior.

Por su parte, la subcomisión de padres es otro de los grandes motores del club. Manejan el buffet, organizan parrilladas, comidas tradicionales e innumerables rifas. Junto a los jugadores, trabajan en la infraestructura del club como tener un colectivo propio, el quincho, la nueva entrada a las instalaciones, la iluminación y mucho detalles más.

Hoy en día, el ómnibus con el cual se trasladan es muy valorado, teniendo en cuenta que en los orígenes llegaron a viajar en el acoplado del camión de un jugador del plantel porque no había suficiente dinero para costear viajes largos.

“Somos un club que se forjó a base de sacrificio y con el único objetivo de ser un club social al cual puedan asistir los chicos y obtener herramientas para su vida. Esa es la satisfacción de todo el trabajo realizado y por realizar”, resume Giuli.

El año pasado el club homenajeó a sus tres fundadores en las instalaciones del club. El gimnasio recibió el nombre de Pablo Berniche, las canchas de mini rugby fueron denominadas Pablo Scarpeccia, mientras que la cancha principal de Kamikazes fue bautizada con el nombre de Nicolás Scarpeccia.

Por último, cabe resaltar que en cada partido de local, no importa el resultado final, toda la familia del club se reúne para armar una ronda inmensa y celebrar este gran amor que existe por Kamikazes, es decir, por el rugby.

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