En homenaje a Ricardo Colomba (Por Arturo Jaimez Luchetta)

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En homenaje a Ricardo Colomba (Por Arturo Jaimez Luchetta)

La atmósfera es espesa entre el plafond y la lona. El sudor de los púgiles pierde en fragancia con un  blend de mercurio, malbec, incienso y palo santo. Madura el nocaut y hay peligro de flash.

Es Colomba el que dispara, Guillermo; pero la magia es de Ricardo, quien sigue tejiendo sueños y gauchadas allá arriba, junto al barba.

Un abrazo me nace al recordarlo, amigo del alma. Un abrazo compañero y solidario. Un abrazo como esos que usted compartía sin esperar nada. Un abrazo como el que nos encontraba en cada velada. Un abrazo loco como la aventura de tu revista.

Te debo un vino, Ricardo. Un vino negro. Eso fue lo que me dijiste el día que quise pagarte unas gauchadas. Ese vino que nunca nos tomamos. No hacía falta. Las charlas de ring side, por la radio o en la barra del bufé nos alcanzaban. Su militancia de fe, mi militancia de pueblo comulgaban. La bondad nos encontraba espalda con espalda junto a los boxeadores.

Tal vez esa quimera hecha realidad, tenía esa premisa, darle una mano a los sufridos narices chatas. Tal vez por eso los malos, que son muchos, te auguraban el fracaso. Pero ya ves hermano: “una bomba hace más ruido que un abrazo, pero por cada bomba hay millones de abrazos”. Y esos abrazos quedaron revelados en Deporbox.

La vida es así. Un día se acaba. O no. Límite humano del saber. Quizás la vida sigue. Lo que si sabemos, amigo Colomba, es que hay que multiplicar el riego seminal de la bondad y vos dejaste tu bondad sin necesidad de testamentos. La cámara y la revista están en buenas manos. Quien diría que ya van 15 años. Y serán muchos más, porque Guillermo es sangre de tu sangre y bondad de tu bondad. Y si hacen falta unas líneas, aquí estaré para pagar las tantas que le debo.

Un día nos encontraremos, un abrazo de campanada final. Un abrazo inmortal.